Policías y agentes sanitarios, protagonistas esenciales en tiempos de Covid-19

Las formas que adquirió el Estado en el contexto de la emergencia por el Covid-19 merecen ser pensadas en tiempo presente. Y quienes ejercemos responsabilidades públicas, en tanto tenemos la obligación de decidir y ejecutar acciones, estamos ante el desafío de ser proactivos y efectivos, haciendo realidad las decisiones que toma el presidente Alberto Fernández.

La capacidad de las cuatro fuerzas federales de seguridad se vio potenciada en el Comando Unificado de Seguridad Covid-19. Un dispositivo ideado y liderado por la ministra Sabina Frederic para centralizar la operatividad en todo el país. Allí se planifican y coordinan distintas tareas en el marco de la emergencia sanitaria, que aspiran a construir la seguridad como un derecho de todas y todos.

Desde que la OMS declaró al Covid-19 como pandemia y el presidente sancionó el DNU 260-2020, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) fue una de las instituciones públicas responsables de recibir a más de 300.000 argentinos y residentes que llegaron desde el exterior. Esa situación de los primeros días de marzo demandó una compleja articulación entre un conjunto de agencias que debimos actuar bajo una única certeza: la enfermedad llegaba al país a través de quienes ingresaran desde las fronteras.

Los viajeros aterrizaban de a miles y las autoridades sanitarias, como las de todo el mundo, perfeccionaban a diario sus recomendaciones para que el personal aeroportuario no sufriera contagios. Lo subrayo con el fin de ponderar aquellos hombres y mujeres que estuvieron de cara (literalmente) al Covid-19, antes de la cuarentena social preventiva general, y antes de que «quedate en casa» fuera una obligación.

Los operativos de repatriación requirieron coordinación y creatividad. Apareció la mentada «interagencialidad». No había tiempo. De un día a otro tuvimos que constituirnos en el brazo fuerte de un Estado que había sido debilitado durante cuatro años.

La PSA tuvo no solo un rol protagónico en la logística de recepción de los viajeros sino que, además, asistió a Sanidad de Fronteras en la digitalización de las declaraciones juradas y trabajó articuladamente con Migraciones para el monitoreo de pasajeros con síntomas y el cumplimiento efectivo de la cuarentena. También, junto con el Ministerio de Transporte y la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), trabajó en el regreso a casa de quienes viven fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).

Con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires implementamos un protocolo especial que permitió que sus ciudadanos fueran controlados y trasladados a hoteles, donde continuarían los chequeos y cuidados.

De manera imprevista, policías y civiles de la PSA alteraron sus horarios y rutinas de trabajo. Sin importar cuál fuera su función específica, se adaptaron a las necesidades impuestas por la contingencia. Se establecieron turnos rotativos que trabajaron durante muchos días cubriendo las 24 horas en el desarrollo y aplicación de sistemas, la clasificación y digitalización de documentación, y la creación y actualización de bases de datos.

No importó la jerarquía ni la antigüedad de sus trabajadores: el objetivo del servicio esencial en la emergencia sanitaria guio nuestras acciones. Tanto es así que el ausentismo de estos días es menor que el promedio anual.

Estos hombres y mujeres de las fuerzas de seguridad están orgullosos de la tarea que cumplen y son conscientes de ello. Reconocen el lugar histórico que ocupan cada vez que asumen su labor de funcionarios públicos esenciales. Y también del sacrificio que significa estar tan expuestos.

Ocupan la primera línea del Estado ante quienes llegan al país. La primera cara visible. El primer cuerpo que brinda la bienvenida.

Es por eso que las y los policías aeroportuarios en particular, y los efectivos de las distintas fuerzas en general, no merecen ser destratados por una situación que los excede completamente. No corresponde depositarles el morbo de las producciones mediáticas, posibles desaciertos de gestión, ni la paranoia de vecinos y vecinas. Por el contrario, el valor de la «protección social» que brindan, reclama cuidar a quienes nos cuidan.

Ellos sienten los mismos temores que el resto de las personas frente a la incertidumbre de una pandemia: su esfuerzo debe ser doblemente reivindicado porque con su trabajo han permitido y permiten evitar la propagación del virus. También saben que, aunque se tomen todos los recaudos y cuidados, muchas veces no alcanza, y se contagian.

Por ello, resulta injusto e ingrato que, como han hecho algunas personas malintencionadas, se acuse a quienes trabajan en las fuerzas de seguridad de propagar el virus.

Policías y agentes sanitarios estamos en la trinchera de mitigación del Covid-19. Existen discursos estigmatizantes, que agravian a las fuerzas de seguridad por cuestiones de clase y por otros prejuicios que se vuelcan sobre los que trabajan en las policías de Argentina.

No obstante, quienes formamos parte de las agencias del Estado para la protección de la población, hacemos nuestro trabajo con la convicción de que vamos por el buen camino. Somos testigos y protagonistas de la intervención del Estado en el cuidado y protección de la vida. Y, sobre todo, sabemos que vamos bien gracias a las prácticas colectivas y solidarias de quienes cumplen con el aislamiento obligatorio dispuesto por nuestro presidente.

El autor es director nacional de la Policía de Seguridad Aeroportuaria -PSA- Por: José Glinski

Fuente: La Nacion.